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De Iturriak
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VENANCIO MINTEGUIAGA

bién que se encuentren más o menos obstáculos para la ejecución; pero las ideas, y sobre todo si son ideas prácticas, tienen que producir su resultado natural de la acción en algunos individuos, a lo menos de entre la multitud que se extendió la propaganda.»

No puede ser más claro, más vidente, ni con más constancia visto en la práctica.

Lo mismo Artal que Posá, como Angiolillo o como Sancho, fueron unos de tantos que sobrepasaron en la acción a esas multitudes pregonadas de las que habla el P. Minteguiaga, y se fueron directos al hecho, al crimen teóricamente preconizado en multitud de publicaciones.

Los entendimientos de esa gente ganados están por las obras de Anatolio France, de Kropotkine, de Tolstoi, de Stirner, de multitud de folletos y libros donde se amenaza y derriba teóricamente cuanto actualmente sostiene la sociedad.

Esta propaganda, difundida está en los artículos de fondo de la mayoría o gran parte de la prensa radical, en la colaboración literaria de esa misma prensa, en millares de libros literarios y en el teatro, en los oradores de mítines, que, so pretexto de propaganda socialista, difunden las más enormes teorías.

El P. Minteguiaga combate no solamente a los propagadores de ideas subversivas, sino a los Gobiernos que toleran esas propagandas, castigadas, según él mismo lo prueba en su libro «La Punibilidad de las Ideas», por el Código penal.

Por eso dice en la página 81 del mismo citado libro que «entre las ideas punibles merecen hoy justamente el primer lugar las anarquistas, por ser las más directa y abiertamente antisociales».

Y aun entonces, cuando el insigne jesuíta publicaba «La Punibilidad de las Ideas», ya el anarquismo, según