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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

él mismo lo decía, tenía consternada a la Europa y al mundo todo, señaladamente en su parte más civilizada. El P. Minteguiaga publica en su libro infinidad de textos entresacados de publicaciones socialistas y anarquistas; rebate en su mayoría con argumentos convincentes; mira a la realidad y, después de colocar ante la vista de los Gobiernos los más nefandos crímenes que en el mundo se han cometido, exhorta, haciendo emular a los Gobiernos la necesidad imperiosa de acabar con ese género de propagandas.

Copiemos alguno de esos textos y veamos lo que decía el anarquista Ravachol «poco antes de dejar la cabeza en el patíbulo»: «No creo en Dios, decía al abate Claret; pero si creyese en Él, no hubiera hecho lo que hice

Es muy notable el libro del P. Minteguiaga; revela un estudio profundo de principios jurídicos y actual legislación; escogida y extensa lectura, de la que se aprovecha a la perfección para sus razonamientos y defensa de tesis. Esta obra se halla traducida al italiano por el sacerdote Antonio Bollani¡ impresa en Nápoles en 1906 y comentada en el prólogo de la traducción por el canónigo Pezzani, que, entre otras cosas, dice que «la tesis que desenvuelve, con su conocida maestría, el esclarecido autor, es importantísima».

Va desde el final de esta publicación, la labor del ilustre jesuíta donostiarra es fccundísima e incesante. No tan sólo lo que dió al público, sino lo que dejó inédito, como lo veremos más tarde, entre sus papeles, asciende a una cantidad enorme de páginas y volúmenes. Además, las obras del P. Minteguiaga tenían la ventaja de tratar materias que en España estaban muy poco tratadas, lo cual les daba una novedad y un interés de que carecían las de otros autores, aparte de la competencia del gran jesuíta.