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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

hoy no existe otro sistema de gobernar, y que sin esta libertad ilimitada es imposible que desarrolle plenamente su virtud y eficacia la vida moderna.

¡La vida moderna! ¿Queríais - ¡oh, vida moderna!- libertad? Pues toma libertad. Mas esta libertad es una ejecutoria, es la muerte jurídica, es el suicidio moral de la misma libertad y, con ella, del sistema liberal.

Porque una libertad que, contando con la fuerza pública, da al anarquismo carta de naturaleza, y con ella derechos tales como los de imprenta, de reunión y de asociación; libertad que así autoriza la circulación sin trabas de los últimos extremos de la aberración antisocial, está ya con eso juzgada, es, con toda evidencia, una libertad falsa, engañosa, traidora. He aquí un argumento no apriorístico, sino según el gusto moderno, de experiencia y observación, que convence con la evidencia abrumadora del absurdo. Del caos salió esta vez la luz.»

Pero los artículos que excitaron pasionalmente los ánimos, los que encendieron violentas polémicas periodísticas en el campo católico y arrastraron tras de sí una serie inacabable de comentarios, fueron los que el P. Minteguiaga escribió en la revista Razón y Fe el año de 1905, apoyándose además de los hechos reales y que a diario estamos viendo, en textos y enseñanzas del inmortal Papa León XIII, de dulce y grata memoria; del P. Villada; de Berardi; de nuestro Santísimo Padre Pío X; del Cardenal Lugo; de varias autorizadas publicaciones, con testimonios de publicistas de gran renombre en la mentalidad católica de Europa y con un dominio extraordinario de la materia que trataba.

Con verdadero placer trataríamos este punto de enorme trascendencia social. Nos lo veda, sin embargo, el género de publicación a que este escrito se ciñe.