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De Iturriak
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VENANCIO MINTEGUIAGA

Por otro lado, fueron tan injustas como violentas las campañas que determinada parte de la prensa enfiló contra aquel insigne varón, humilde entre los humildes, cultísimo entre los cultos, que se llamó Venancio de Minteguiaga; y tal pena causaron en nuestro ánimo ciertas actitudes, de los que al parecer debían guardar el respeto y la educación exigida por autoridades de la Iglesia; que por recuerdo sagrado a la memoria del ilustre jesuíta dejamos de comentar sus teorías. ¡Harta tristeza y escándalo llevaron a nuestro ánimo, la saña y hiel de determinadas plumas en los momentos culminantes de aquella morbosa discusión!

A propósito de ella fueron muy memorables las palabras que escribió un excelso jesuíta, a raíz de la muerte del P. Minteguíaga. fue el P. Pérez Goyena. Decía así: Cuando en 1905 cscríbió aquel artículo sobre elecciones que tanta polvareda levantó, algunos acaso cegados por ella, lanzaron contra él diversas acusaciones; pero la que hizo sonreir a cuantos conocían al esclarecido Padre fué la de que hipaba un Obispado. ¡Una mitra en la cabeza del P. Minteguiaga!..... No; otras ideas más modestas revolvía en ella; pero siempre encaminadas a extender por todas partes la gloria de Cristo y a contener el avance de la impiedad, que cual ola de cieno se desbordaba por nuestra patria............ ................................................ los insultos, desgarros, procacidades, murmuraciones rastreras, jamás mancillaron sus labios y la delicadeza de su pluma. Ni aun cuando se le trató despiadadamente en artículos y anónimos con ocasión de su famoso escrito, en que nada censurable encontró Roma, se le oyeron exhalar quejas contra sus detractores».

Notabilísimos fueron los comentarios que el mismo año de 1905 hizo el P. Minteguiaga a las cartas que me-