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De Iturriak
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VENANCIO MINTEGUIAGA

hora tremenda de la desgracia era unánime el pensamiento que predominaba en aquella admirable manifestación de duelo.

El P. Minteguiaga -decían todos- era un corazón sin hiel.

¡Qué hermosa frase y qué tranquilidad para aquella alma que se presentaba ante la suprema residencia del Altísimo!

La revista Estudios de Deusto, en el número del mes de Marzo del mismo año, dedicóle un sentido artículo con una nota bibliográfica debida a la autorizada pluma del ilustre publicista de la Compañia de Jesús el P. Félix López del Vallado, cuyas más salientes lineas dicen como sigue:

«En todos estos trabajos -los del P. Minteguiaga- resplandeció siempre aquel su espíritu claro, sereno, bien cultivado e íntimamente penetrado del amor a Dios y a su Santa Iglesia, que le hizo formular siempre con acierto sus juicios, aun en aquellas cuestiones político-religiosas en que la pasión suele ofuscar a las almas más rectas. Si no fuera esto verdad, ¿cómo le hubieran impugnado con tanto empeño en aquellos sus consejos sobre elecciones, que merecieron la explícita aprobación de la Santa Sede? Sólo la obsesión pudo negar valor a aquellas verdades de sentido común y dar lugar a que sobre ellas recayera el fallo de la Iglesia; pero ni aun entonces cesó la campaña contra sus juicios, permitiendo Dios que cosechara por ese medio no escasa corona de merecimientos para el Cielo. Porque todo lo sufrió en silencio, devorando la amargura que le causaban los reproches inmerecidos y la contienda entre católicos, todos interesados en el mismo bien que él pretendía con sus consejos.»

Cuando en la capilla de la Universidad de Deusto se