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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

de Castro es una mala poetisa o una peor escritora? ¿Si porque estuviese olvidada por Valera en su «Florilegio», y en cambio hiciese figurar allí a otros de composiciones vulgares, ¿serían mejores estas composiciones, que el alto, sutil e inmen'so lirismo de Rosatía de Castro? ¿Serán por lo tanto malas algunas composiciones del «Cancionero» de Manterola por el hecho de no ser conocidas, o de no haber sido consagradas como buenas, por determinadas orientaciones literarias?

No lo creemos así. Tenemos la pretensión de poder afirmar que cuanto se ha recogido en el «Cancionero Basco», de Manterola, tiene un valor artístico más o menos vulnerable; pero lo tiene: hay composiciones de verdadero sentimiento e inspiración; las hay hasta geniales. En conjunto son de gran valor. Esas mismas composiciones de Vilinch, recogidas por Manterola en forma que no podía menos de carecer de cierta depuración, mantienen vigorosa y fuerte la expresión de la espontaneidad; la plasticidad de la primera obra, la emoción de una jovial inspiración. Y realmente, aunque Manterola no hubiese llevado a cabo otra labor que la de dar a conocer la poesía de Vilinch, bastara para enaltecer su nombre, la publicación y exteriorización literaria de las composiciones del poeta indicado. Y digo esto, porque solamente un alma escogida y patriota como la de Manterola, pudo ser capaz de llevar a cabo empresa de tanta magnitud, en medio de la criminal indiferencia de sus paisanos.

El mismo Manterola en el prólogo de su tomo primero del «Cancionero» se lamentaba amargamente de esto diciendo: «Dos años han transcurrido ya casi completos desde aquella fecha - la muerte de Vilinch - y aunque el recuerdo permanece vivo en la memoria de todos sus amigos y paisanos, sus composiciones poé-