Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/311

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
289
VENANCIO MINTEGUIAGA

bles y cortesanos sin adulación; humildes y varones a la vez; resignados en los contratiempos, castizos y comedidos en el lenguaje, modestos en las formas y con un aire de piedad y profunda fe que asombran, abro el corazón a las grandes emociones que todo eso me hace pasar, y, corno quien contempla un lienzo de belleza pura, me extasío, me anonado y comprendo una vez más la pequeñez, la miserable pequeñez de este mundo enviciado.

¡Loyola! ¡Deusto! Modelos de casas donde ese ambiente se respira. Casas por las que discurrió, austera, la serenidad y la robustez de pensamiento del P. Minteguiaga. Si no fuese tan grande nuestra vanidad, si no fuese tan tremendo nuestro orgullo, al fin habíamos de confesar que son ellos los que triunfan, porque son ellos los que trabajan para la verdadera gloria. Triunfó el P. Minteguiaga en vida. Al morir..... triunfó de nuevo en la eternidad. Alabémosle aquí con palabras sinceras, más que con períodos retóricos, que cuando el hombre, desposeído de la vanidad, trabaja con un desinterés santo como el del P. Minteguiaga por la salvación y la gloria de los suyos; cuando hoy que se mira tan bajo y se cata tan pequeño, ellos miran tan alto y vuelan tan lejos con el vuelo de su pensamiento, fuerza es que el tributo dedicado, si no tan grande como sus merecimientas, sea por lo menos tan sincero como su desinterés y su patriotismo.