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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

compás de sus sentimientos. Aristócrata del buen sentido de la vida, su alma, verdaderamente activa y creadora, soñó siempre en el arte; apartado por lo común del vulgar ambiente de las gentes. Era un solitario activo que empleaba su soledad corno instrumento adaptado a sus producciones y a sus obras; y como fundamento raíz y savia de cuanto de él aprendieron dos generaciones de artistas, un pueblo entero de inteligentes y aficionados.

Rodeado siempre de un mundo de mentiras y falsías; acariciado por brisas seductoras de una sociedad egoísta; viendo escalar los más altos puestos a gentes que carecen del sentido de lo bello, del sentido moral y del ideal más rudimentario; viendo, como vemos a todas horas, que a hombres que nada fueron se eleva en discursos y hasta en mármoles a un lugar que jamás en justicia les debieron otorgar, causa honda tristeza en mi ánimo el olvido en que yacen corazón y alma tan sensibles, tan artistas corno las de José juan Santesteban.

¿Quién ha hecho más por el arte en San Sebastián que aquel claro varón? ¿Quién fué mejor, más justo y elocuente intérprete que José Juan Santesteban?

No se encuentran en todos los instantes de la vida caracteres corno el de Santesteban, ni menos almas de artista tan desinteresadas como la suya; ¡cómo las vamos a encontrar en estos días de generaciones egoístas y de individualidades ambiciosas, incapaces en su mayoria de crear nada por puro sentimiento, por puro placer, por amor, por arte, por espíritu!

Y, sin embargo, el olvido en que va envuelto su nombre, aquel nombre que mantuvo todo el nervio de las murmuraciones y preocupaciones artísticas de toda una época, hace clamar en mi alma de donostiarra acentos de justa indignación y de entristecida conciencia, no