Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/318

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido transcrita, pero necesita ser validada.
294
DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Y tratándose de un carácter como el de Santesteban, tratándose de ün hombre que, puede decirse, vivió sólo para San Sebastián y para Guipúzcoa, esa memoria, ese recuerdo, hay que mirarlo como memoria y enaltecimiento del arte donostiarra, de la música donostiarra, de la que Santesteban fué su raíz, su fundamento, su sangre, su vida.

Bien sé yo que decir a la vulgar murmuración de las gentes que eleve su pensamiento, que mire durante unos momentos siquiera a esa región serena del ideal y de la fe, es algo que requiere una órbita más luminosa que la que actualmente a diario contemplamos. Pero cuando ese pensamiento ha de dirigirse a quien vivió la poesía, la pura poesía del arte y de la verdad en el arte; a quien se alimentó de la estimación y del espíritu de los suyos; a quien el hilo de su existencia fué el hilo irrompible de una eterna sinfonía, sinfonía de amores santos y puros, ¿liabrá quien selle sus labios y enmudezca su voz ante el canto de unísono homenaje que debiera brotar de tanto número de corazones donostiarras?

Debéis mirar, sin embargo, que no hay nada que dignifique al hombre más que la realización de un elevado pensamiento. Y que ese pensamiento arrastra tras de sí muchos más corazones que toda una gama de frases retóricas. Y que el hombre, pensando alto, es como el favor de Dios del que nos habla Fray Luis de León que «en las mudanzas está quedo, y entre los espantos seguro; y cuando todo a la redonda dél se arrime, él permanesce más firme y, como dijo aquel grande elocuente, luce en las tinieblas y empelido de su lugar no se mueve».

Lo que Santesteban fué en su carácter, fué también en si1 música. La misma sencillez de su vida palpitaba en las notas del pentágramai la misma hermosura de su