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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Sebastián. A la sazón existían en Escoriaza unos parientes de la familia de Santesteban, establecidos con un comercio acreditado. Eran la abuela materna y unos tíos. Y, en efecto, allí marchó el futuro compositor musical en compañía de un hermano suyo.

Sin embargo, no fué con sus parientes con quienes Santesteban vivió y se educó. D. Juan José Zaloña, cura párroco de la misma villa de Escoriaza, íntimo de la familia y quien había también años antes cuidado de la madre de Santesteban, fué el que se encargó de la educación de los dos hermanitos.

No le fué difícil a Zaloña conocer al poco tiempo la asombrosa disposición que el más joven de los hermanos señalaba para Ja música, y, siguiéndole paso a paso, no quiso desperdiciar la ocasión tan preciosa que se le presentaba para hacer de aquel muchacho un notable organista y maestro compositor, como así lo fué.

Le enseñó a oído alguna que otra misa, cánticos de novenas y otras composiciones musicales. Y ya para los cinco años cantaba algunas estrofas que había oído de la novena de San José, con tal afinación, aplomo y expresión, que cuantos le escuchaban quedaban admirados de las naturales condiciones del niño donostiarra.

Zaloña, sin más, aconsejó en seguida a sus parientes que le enviasen a la villa de Oñate a fin de que, con la acertada dirección del organista de aquella parroquia D. Manuel Garagarza, aprendiese la música y se le preparase para la carrera de organista.

¡Feliz acierto del presbítero Zaloña!

Apenas tenía ocho años Santesteban bajo la hábil dirección de Garagarza, cuando los progresos realizados por el precoz muchacho en Ja música eran verdaderamente extraordinarios, hasta el punto de que Santesteban cantaba y tocaba al órgano en las misas cantadas