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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

de los sábados. Imagínese el lector cuál no sería la sorpresa del pueblo oñatiense al contemplar a un niño de tan corta edad interpretar al órgano composiciones de música religiosa.

No parece, sin embargo, que a su profesor Garagarza le hacía mucha gracia el muchacho, porque, según leemos en documentos de origen el más autorizado, apenas llegó Santesteban a saber lo bastante para ayudarle, le abandonó en su dirección artística. Solamente le daba alguna que otra lección por semana, castigándole, en cambio, con rigor y dureza; que no solamente en el Sr. Garagarza, sino en casi todos los maestros de escuela, era corriente la dureza en el trato de los niños.

Sin embargo de esto, como aquella vocación de Santesteban por la música era tan marcada y férvida, venció cuantos obstáculos se le ponían por delante, sufrió en cuanto pudo los malos tratos de su maestro, o por lo menos sus asperezas, y siguió rindiendo culto al amor de sus amores. No olvidaba tampoco a su protector y pariente Sr. Zaloña, y cada seis meses acostumbraba a ir a verle para dar fe de los progresos realizados.

Ya en su pueblo natal había trascendido la fama del niño Santesteban. En aquella época que la vida de Donostía estaba exclusivamente reconcentrada en las familias, que el arte no conocía un núcleo exteriorizado en forma que hoy llamaríamos Bellas Artes, Teatro, Casino u otra colectividad artística, se necesitaba tener un motivo de aniversario, festividad u otra causa cualquiera para oir música escogida. Generalmente, como las festividades eran religiosas, se escuchaba música religiosa.

En algunas familias de abolengo y de posición se hacía, sin embargo, música en sus salones, donde, como era natural, en aquella época predominaba el gusto y la escuela italiana. fué precisamente en una de aquellas