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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

sesiones artisticas de San· Sebastián donde se habló mucho del joven Santesteban. Bien sabido es que San Sebastián ha sentido siempre verdadera predilección entre las bellas artes por ta música, como ya pronto veremos por varios detalles sumamente interesantes para la hístoria de la música donostiarra.

Pues bien, el año 1821, ocho años después de la total destrucción de San Sebastián, no solamente se tenían noticias de ser Santesteban un buen organista, sino un tiple de voz bien timbrada y agradable.

Se iba a celebrar el aniversario de la quema de la población. Sagasti, compositor y músico que figuró a principios de siglo en San Sebastián, que llevaba fama de ser un buen músico en toda la provincia, compuso una Misa de Requiem para ese día; al momento, los amantes de la música acordaron traerle al joven Santesteban para ese día y hacerle cantar la parte de soprano en el Oficio de Difuntos y Misa de Requiem. Desde los primeros compases, llamó poderosamente la atención de los inteligentes -que también Jos había entonces en San Sebastián -y del público en general, no tan sólo la voz bien timbrada, dulce y extensa, sino aquella difícil interpretación de la música, que sólo almas sensibles y corazones de verdaderos artistas saben imprimir.

El triunfo de Santesteban aquel día fué total. Entusiasmó a los donostiarras de tal manera, que todos se disputaban en agasajos y consideraciones al futuro maestro donostiarra. Y entonces se concibió también la idea de que fuese San Sebastián la población donde había de completar Santesteban la continuación de su educación musical.

En efecto. Era a la sazón maestro de capilla y organista de la parroquia de Santa María D. Mateo Albéniz, uno de los músicos que más quedaron prendados de