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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

las disposiciones artísticas del joven muchacho. Apenas terminó la ceremonia religiosa en cuyo canto tomó parte Santesteban, comprometióse a educarlo con el detenimiento y cariño que éste merecía. Vióse con la madre de Santestehan, consultaron el caso con la familia, y al poco tiempo Albéniz se encargaba de la educación musical de Santesteban.

Si Santesteban se entusiasmaba con la música, no lo hacía menos Albéniz con su discípulo predilecto de veras. No resultaron defraudadas las esperanzas que sobre aquel muchacho tenia puestas el maestro Albéniz. Al año siguiente, o sea en 1822, llegó Santesteban de Oñate. Albéniz tomó con verdadero e inusitado cariño la educación de Santesteban. Le hizo perfeccionar sus primeros estudios por el método de piano de Adán, que si bien lo había estudiado ya en Oñate, Albéniz no quiso dejarle sin repasar de nuevo, con sus consejos y advertencias.

Hízole también instrumentar todas las sonatas de Haydn y de Mozart, y el mes de Octubre de 1824 empezó a enseñarle el contrapunto con todo género de detalles y cuidados, no pasando de una especie a otra sin que estuviese bien impuesto en cada una de ellas. Por último, Albéniz le enseñó la fuga, a dos, tres, cuatro y ocho partes. Esta última educación duró cuatro años, sin abandonar, a pesar del trahajo que requería, los estudios de piano y órgano. Tales disposiciones presentaba Santesteban para el divino arte, que, maravillado, su profesor se levantó un día entusiasmado, dicíéndole: «Tú serás, hijo mío, el Mozart de tu maestro».

Durante los últimos cuatro años, cuál no sería la facilidad y buen gusto de Santestehan para la música, que durante las largas ausencias que Albéniz pasaba en París, aquél hacia de sustituto como organista en la parroquia de San Vicente.