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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Hay que tener en cuenta que ya por aquel entonces el gusto artístico y la educación musical iban adquiriendo un buen relieve en San Sebastián. Por lo tanto, la plaza de un organista y cualquier ejecutante de órgano no podía pasar desapercibida, precisamente por esa afición musical que en San Sebastián iba desarrollándose. Santesteban llenó no sólo cumplidamente su misión durante las ausencias de Albéniz, sino con reconocidas muestras de entusiasmo por parte del pueblo donostiarra, que ipso facto le aclamó como a un extraordinario artista.

San Sebastián por aquella época no daba muestras de una gran actividad mercantil ni industrial. La población que antes del horroroso incendio de 1813 fué urbe dedicada a las empresas manufactureras más atrevidas e importantes, no pasaba, en la época que Santesteban se daba a conocer como una gran esperanza en el arte musical, de una población tranquila, sosegada y dedicada por lo general a un comercio reducido.

El comercio anterior, de una opulencia fabulosa, no existía; las construccicnes navales, apenas se pensaba en ellas; su puerto y sus astilleros ofrecían el espectáculo de una soledad triste y silenciosa, cual un desierto. A los ruidos de los martillazos de los calafateros, de los constructores de buques1 de las fundiciones de anclas, de los veleros y de toda aquella industria que dió a España días de gloriosos triunfos, se había sustituído por una decadencia tan grande, que apenas si nadie se cuidaba, más que algunos ricos comerciantes, de intentar volver a los tiempos anteriores de desarrollo industrial y manufacturero.

Y este estado de quietud donostiarra; aquella especie de descanso en la actividad de los hijos de San Sebastián, contribuyó, sin duda, al cultivo y fomento de