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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

a Zaragoza. En seguida empezaron a tomarse los primeros acuerdos, reuniéndose para ello las Juntas Forales en Motrico, pueblo de turno, por si, como esperaban, los Reyes accedían a los deseos del pueblo euskalduna.

En efecto, D. Santiago de Unceta, Diputado a Corte según cuentan las crónicas de aquel tiempo-, comunicó la buena nueva de que el Rey, después de haber recibido a los Diputados de las tres Provincias, accedía a los deseos exteriorizados por el país que representaban.

Y así fué. El día 2 de Junio de 1828 entraban sus Majestades por Illarrazu (Reino de Navarra), pasando por Tolosa, lrura, Villabona, Andoain, Urnieta y Hernani, llegando el 4 de Junio a San Sebastián, cuya población en masa acudió de madrugada a esperar a los Reyes, llegando también un inmenso gentío de los pueblos limítrofes de la provincia.

Se prepararon comparsas, bailarines; tomó parte por primera vez en una solemnidad de aquella índole la música formada par Santesteban, que, unida a las demás, hacían un luc1dísimo cortejo.

Los Tercios Forales rindieron honores militares, y toda la gente, tanto de mar como de tierra, se desvivía por recibir a los Reyes con la mayor pompa posible.

Ante el repique general de campanas, salvas de artillería, entusiastas aclamaciones y arcos triunfales, construidos con extraordinario lujo de inscripciones y follajes, entraron los Reyes en San Scbastián. Llamaron poderosamente la atención de SS. MM. las comparsas de espatadantzaris y broquelaris, tanto por el número de los bailadores, por la marcial agilidad de sus movimientos, como por aquel sello tan característico de aquellos originales bailes.

La Ciudad, por la noche, quedó totalmente ilumina-