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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

nalmente su ejecución, en la que tomaron parte las bandas de música de aficionados, la banda militar, un coro de señoras y señoritas, otro coro de hombres, haciendo un conjunto tan numeroso como armónico.

Los Reyes, cuando escucharon aquel himno, con tanta afinación cantado, hicieron grandes elogios del arte musical de San Sebastián y sus directores, y así continuaron entre vistosos espectáculos y agasajos continuos durante toda la estancia en la Ciudad donostiarra, que duró hasta el 11 de Junio.

Hemos hecho este pequeño paréntesis en la vida de Santesteban para que el lector pueda formarse una ligera idea de la cultura que ya entonces predominaba en San Sebastián, para recibir y agasajar a los forasteros, del ambiente social, el sentido musical y artístico, que no faltaba, y la hábil organización que en todo tiempo ha existido para llevar a cabo festejos y cabalgatas dignos de la fama de población culta que siempre ha gozado la Ciudad donostiarra.

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Nombrado el año de 1830 D. Pedro Albéniz maestro de piano del Conservatorio de Madrid, y muerto al poco tiempo su padre, D. Mateo, Santesteban quedó sin maestro. Pero como los grandes corazones que sienten con calor ardoroso un ideal y a él se consagran hasta sus últimos días, sin un momento de desmayo apenas, así también Santesteban, a pesar de encontrarse sin maestro que pudiese continuar su educación musical, sin piloto que dirigiese su nave en formación hacia el puerto seguro de la coronación de sus estudios, continuó éstos sin desmayos, haciendo traer al efecto obras musicales de París.

Copiaba obras, componía para su música, arreglaba