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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

Parecía haber nacido para el apostolado musical, y para la inculcación en las almas, de sus sentimientos y de sus gustos. Abandonada alglm tanto hasta entonces la Capilla, o por lo menos no progresivamente atendida, compuso durante un año las misas números 2, 3 y 4, que constarán seguramente en el Archivo musical de la Parroquia; tres Misereres, dos de ellos con acompañamiento de instrumentos de metal a muchas voces, y uno con sólo acompañamiento de órgano.

Su actividad extraordinaria continuó componiendo 9 novenas; 2 Salves, con orquesta; 2 graduales, también con orquesta; y una serie de piezas de menos importancia. Reforzó la Capilla con nuevos tiples y dió lecciones de canto a varios tenores y bajos. Después de aquella reforma llevada a cabo por Santesteban, la Capilla estaba desconocida. Tales eran los progresos; tal la afinación con que cantaban, que los fieles quedaban absortos.

La parroquia de Santa María adquirió con este objeto una fama musical que repercutió fuera de San Sebastián, hasta el punto que forasteros y extranjeros que durante los veranos visitaban San Sebastián, no querían marcharse sin escuchar el canto de la Capilla dirigida por Santesteban. En esto, y cuando Santesteban esperaba poner su Capilla a una altura mayor todavía, estalló la primera guerra civil, con la que tanto sufrió San Sebastián, experimentando un grave quietismo en su marcha progresiva y ascendente.

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Ya hemos hablado antes de ahora en este libro de los sitios que San Sebastián sufrió durante aquella guerra. El espíritu monárquico y de acatamiento a las instituciones que entonces predominaba, surgió de modo fulminante a los primeros chispazos de la guerra, y formá-