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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

los orígenes de aquella institución. Esto dió lugar para que Santesteban continuara su labor incesante de músico y compositor, arreglando innumerables piezas para piano, para orquesta, tercetos, cuartetos, quintetos, sextetos, septiminos, coros y oberturas.

Pero Santesteban además de ser un hábil e incansable trabajador, tenia la ventaja de que todos estos arreglos los adaptaba a las aptitudes de los ejecutantes. De ahí vino la fama y nombre de la Sociedad Filarmónica, porque sin las pretensiones de muchas sociedades de aquel género, sabían interpretar con exactitud y armonía cuantas piezas tocaban en público. Aquella labor fué personalísima de Santesteban, que sin ella, seguramente, hubiesen fracasado.

Vino precisamente la Filarmónica en un momento que San Sebastián ansiaba divertirse y hacer arte. Se inauguraron diversos edificios, entre ellos el Teatro Principal, coliseo cuyos recuerdos constituyen páginas inolvidables de la vida donostiarra.

Era secretario de la citada Sociedad D. José Manuel Brunet. Llegó con Santesteban a ser una verdadera institución durante largo número de años.

En las solemnidades religiosas, en todas las profanas, con motivo de la llegada de Reyes, Príncipes y Magnates, en conciertos benéficos, en todo cuanto se relacionaba con la vida artística y social de San Sebastián, la Sociedad Filarmónica era siempre la base de aquellos esparcimientos artísticos.

Pero Santesteban, que deseaba completar su educación y perfeccionarse en el canto, marchó a Madrid para asistir a las clases del Conservatorio. Tomó las primeras lecciones de canto con D. Baltasar Saldoni y de don Basilio Basili, y ya a los cuatro meses se perfeccionó de tal manera, que sus profesores no sabían ya enseñarle