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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

más. Lo mismo ocurrió en las consultas que sobre composición y contrapunto tuvo con el Sr. Carnicer; Santesteban oyó de labios de tan célebre profesor que podía darle lecciones a él mismo.

Durante su estancia en Madrid, Santesfeban dió pruebas de ser, no solamente un corazón sencillo y modesto, sino un buen amigo y un discípulo reconocido.

Era por aquella época a la sazón Presidente del Consejo de Ministros D. José María Ferrer y se necesitaba un profesor que diese lecciones de piano y de canto para la educación musical de la Reina D.ª Isabel II y su hermana. Santesteban, que desde San Sebastián fué quien dió lecciones de música a la hija del citado Sr. Ferrer (D.ª Flora), fué llamado por aquél por si quería aceptar una de aquellas plazas de profesor de la Reina.

Cuál no sería la modestia de Santesteban y su generoso proceder, que en seguida contestó a Ferrer:

«La plaza de maestro de piano le corresponde de derecho al que ha sido mío, D. Pedro Albéniz, y para maestro de canto no me creo con conocimientos suficíentes para ello.»

Los cinco meses de estancia en Madrid estudió largas horas diarias Santesteban, y, sin embargo, ni un momento olvidaba ni la Capilla de la parroquia de Santa Maria, ni la Sociedad Filarmónica por él fundada. A las clases de Conservatorio asistía como profesor, y continuaba arreglando y componiendo sin cesar para las entidades antes citadas. Ya para cuando fué a Madrid había compuesto nueve misas; pero a su vuelta, que continuó componiendo nuevas misas, éstas eran ya de carácter más religioso que las anteriores.

Contribuyó en este adelanto suyo la educación que adquirió escuchando las composiciones del insigne músico español Ledesma, y la atención que en ellas ponía