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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

mente lo que ha predominado y predomina siempre en la música francesa es la sabiduría en la técnica.

Estaba ya dispuesto Santesteban a volver a su país, porque iban acabándosele los pocos recursos que había llevado, cuando le refirió a un amigo suyo, establecido en París, sus propósitos. A Santesteban le faltaba todavía mucho que aprender.

Deseoso su amigo, que se llamaba D. Benito Alcain, de elevar a Santesteban al lugar que de derecho le correspondía, no le dejó volver a San Sebastián. Al día siguiente, el Sr. Alcain entregó a Santesteban una carta de crédito ilimitado, con el que pudo hacer su ansiado viaje a Italia. No debió ser un cualquiera el Sr. Alcain en París, cuando no solamente dió largos recursos a Santesteban, sino tamhién valiosísimas recomendaciones, que a su vez le servían para otras también muy importantes. De manera que, gracias a D. Benito Alcain, Santesteban se vió muy considerado y agasajadísimo en Italia.

El mismo día que Alcain entregaba a Santesteban la carta de crédito, 16 de Marzo, éste emprendía el viaje para Roma, a las dos de la tarde y en la diligencia de Lyon, llegando a la Ciudad Eterna el sábado víspera del Domingo de Ramos, pasando por Civita-Vecchia, donde a duras penas consiguió un carruaje que le condujera a Roma. Llegó Santesteban a la una y media de la madrugada, y costóle nada menos que seis horas encontrar alojamiento.

He aquí cómo el mismo Santesteban describe su llegada a Roma:

«El día 31, día de Ramos, asistimos a la hermosa función de la Bendición de ramos y la Misa. La función principió por un trozo de música a 4 en contrapunto de 4.ª especie, a la entrada del Papa en la iglesia.