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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Palestrina, y el Miserere de Allegri. El jueves Sanlo, y con objeto de no perder el menor detalle de las ceremonias y música que allí se cantaba, Santesteban fué a la Capilla Sixtina para las cinco y media de la mañana, saliendo de la Basílica de San Pedro a las nueve y media de la noche. Asistió a lodos los actos que allí se celebraron, sin haber comido ni sentado un momento en todo el tiempo que permaneció en el Vaticano. En los momentos de algún intermedio, Santesteban se entretenía contemplando los gabinetes de escultura del Vaticano y cuantos objetos artísticos se encuentran encerrados en aquellos lugares.

Sobre el Miserere de Allegri, que a Santesteban le gustó extraordinariamente, aunque, según él, lo cantaron con bastante desafinación, Santesteban tenía formada la siguiente opinión: «Que el gran mérito suyo consiste en que es un continuado recitado a muchas partes y, de consiguiente, de una ejecución dudosa y aun imposible fuera de la Capilla Sixtina, donde los músicos saben por tradición Ja duración de las notas». El estilo de este Miserere no le parecía a Santesteban muy complicado, aunque sí algo fugado.

En cambio, cuando oyó el Miserere de Basilli, su amigo, le pareció a Santesteban que nada mejor podía escribirse para voces solas, aunque se le mirase bajo cualquier aspecto filosófico o religioso. En este Miserere, decía Santesteban que había palabras en las cuales estaba tan bien adaptada la letra, que sin querer se exaltaba y se conmovía uno ante aquella admirable página musical. Hasta tal extremo gustó a Santesteban, que aun durando, como duró, tres cuartos de hora su ejecución, decía que más que hubiera durado le parecía poco.

Santesteban también se hizo amigo del abate Baini, de la Capilla Sixtina.