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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

Al salir de Bologna, lo que más admiró Santesteban fué el convento de La Cartuja, que está en una colinata a mano izquierda con más de 600 arcos y de figura grandiosa; admiraba también Santesteban el bello paisaje, sin una cuesta, muy florido y poblado de quintas y caseríos, al estilo de su país basco, de donde era oriundo.

Pasó por Piacenza, ciudad del Ducado de Parma, donde pudo ver también las dos estatuas ecuestres de los hermanos Farnesio. Y ya, tras de un viaje delicioso, lleno de encantos y de cuadros sublimes de la Naturaleza llegó a Milán, presenciando antes de llegar y a gran distancia las siluetas del Duomo de Milán, obra gótica de un mérito extraordinario, ante la cual quedó Santesban sorprendido y como extasiado.

A la llegada a Milán, Santesteban hizose presentar al poco tiempo a Passini, ante quien no hizo uso de la recomendación de Rossini, porque como él mismo le dijo, creia que con decirle se trataba de un artista español era suficiente. Y así fué, en efecto. Santesteban apenas había acabado de decir era artista español, cuando fué abrazado por Passini, e invitado a habitar la misma casa que la del músico italiano.

Santesteban pasó los días de su estancia en Milán muy agradablemente con Passini, dándose la coincidencia de ser madrileña la señora de éste, por cuyo motivo se estrecharon mucho las relaciones de Santesteban con el feliz matrimonio. A pesar de todo, la estancia en Milán del músico donostiarra no fué muy larga, y no hizo más que oir algo de música sagrada, visitar cuanto de más notable encerraba Milán y hacer música con Passini. Conoció también a Donizetti y Pedrotti, que en vista de las referencias que ya tenían de Sanlesteban, le acompañaron para que conociese al inmortal autor de la Medea, Simón Mayr.