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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Que, por cierto, entre la serie de conferencias y conversaciones que mantuvo con este músico, Santesteban fué preguntado por la opinión que le merecía el tenor Enzech. Santesteban, que desde su viaje de París a Italia apenas había dejado de oir a cuantos cantores, cantantes y orquestas pudo (que no fueron pocos), apresuróse a contestar al músico insigne, diciéndole:

- Tiene una buena voz, sin ser extraordinaria; pero es, desde luego, un gran actor.

-¿Un gran actor?-exclamó Mayr, fuera de sí.- ¡Pues entonces, que no cante; que se vaya a la tragedia!

Santesteban, tras de su estancia en Milán, volvió de nuevo a París, visitó a Berlioz, quien le recibió con grandes muestras de consideración, acompañándole a cuantos lugares y centros artísticos deseaba Santesteban; dió cuenta de su viaje a su generoso protector D. Benito Alcain, y el 31 de Agosto de 1844 se encontraba ya de vuelta en su pueblo natal, donde le aguardaban sus amigos, sus incondicionales, sus admiradores, con aquel interés y con aquel filial cariño con que los buenos hijos esperan a sus padres tras de un largo y lejano viaje.

La popularidad que desde entonces comienza a circundar la frente de Santesteban, es de las que sólo puede compararse con la de las celebridades de más renombre. Su vida activa continúa incesante para su pueblo y su provincia. El cargo de Maestro de Capilla de la parroquia de Santa María es para él un entretenimiento. San Sebastián, que durante el verano que Santesteban llegó, se encontraba envuelto en medio de la preocupación veraniega, se dió cuenta, sin embargo, de la llegada del maisuba, como ya se le llamaba para entonces.

V es cuando realmente comienza la vida artística y eminentemente popular de Santesteban. Su viaje a Italia le adiestró y educó en los hondos arcanos de la música