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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

religiosa. Vió las grandes maravillas que este arte encerraba y lo aplicó al arte religioso de San Sebastián. No se tenía entonces el verdadero y exacto concepto de la música religiosa, y Santesteban comenzó por educar al pueblo. Para ello introdujo la enseñanza del solfeo en las escuelas, dándoles métodos de los autores que a su juicio reunían mejores condiciones. Y de este modo consiguió que desde muy niños se encauzasen hacia un buen sentido musical.

Ocurría esto en 1845, cuando por encargo del Ayuntamiento y Diputación Provincial, Santesteban formó una banda de música que fué realmente excelente, y cuyos conciertos llamaron la atención de los inteligentes de la capital y fuera de ella. Y ya que hablamos de conciertos, vamos a dar una pincelada del ambiente artístico que por los años de 1845-48 reinaba en San Sebastián durante la época de verano. En páginas anteriores hemos dado la nota artística de invierno.

Justo es que ahora demos la de verano, valiéndonos precisamente de una de las crónicas que, escritas por D. Francisco de Paula Madraza, se publicaron por aquella época:

«Algunas noches, y como para hacer más agradable la permanencia en San Sebastián de los huéspedes de verano, se dieron en uno de los salones de la Casa del Ayuntamiento y Consulado, conciertos muy brillantes, si no por el número de artistas que en ellos tornaban parte, por su indisputable mérito; y por la escogida concurrencia que los favoreció.

Uno de esos conciertos fué a beneficio del niño Monasterio, de ese pequeño Ole-Bull español que dentro de algunos años eclipsará en el violín a las glorias del artista alemán.

El distinguido tenor de la Capilla Real, Sr. Cajigal,