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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

dió realce a la fiesta cantando con todo el raudal de su hermosa voz todo el repertorio de esas canciones españolas que siempre excitan la hilaridad y el entusiasmo de nacionales y extranjeros, y para los cuales tiene Cajigal una disposición tan privilegiada.»

En estos conciertos que se daban en el salón del Consulado de la Casa Consistorial, también solían tomar parte el violinista lbarguren, que era al mismo tiempo un gran flautista, y otros varios aficionados, que no pocas veces echaban mano de instrumentos que la señora Facunda tenía en su Café Viejo.

Casi todas aquellas sesiones artísticas, conciertos musicales donde se cantaba constantemente, entre otras piezas, el Irudamacho, zortzikos de lparraguirre y, en general, todo el repertorio de aires bascos, eran dirigidos casi siempre por José Juan Santesteban (maisuba), el maestro. Y eran aquellos los momentos de expansión musical que tenía el pueblo donostiarra, aparte de la música religiosa, que estaba a gran altura relativamente a los elementos de que disponía la Capilla dirigida por Santesteban.

De todos modos, y desde la terminación de la primera guerra civil, San Sebastián, ha sido siempre población eminentemente filarmónica y festiva, que poco a poco ha ido perfeccionando sus gustos y sus aficiones hasta la época actual, que escucha música verdaderamente admirable, de los más grandes compositores. Santesteban dióse por entero a su pueblo y a su provincia. Su Capilla era realmente una maravilla de afinación y de gusto. Cuando los veranos la gente forastera acudía a la Misa Mayor de la parroquia de Santa Maria salia encantado de aquel gusto, aquella afinación, aquella insuperable armonía que campeaba en la liturgia de la Capilla de Sanla Maria.