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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

El «Orfeón Easonense» constituyó para San Sebastián uno de sus mayores triunfos, contribuyendo no solamente al realce de las fiestas locales, sino a elevar fuera de su pueblo el nombre de San Sebastián, colocándolo en varios certámenes a la altura que aquella educación dada por Santesteban merecía. El año de 1866 se celebró una comparsa el domingo de Carnaval en recuerdo del heroico marino Mari, y allí tomó parte nuestro Orfeón, juntamente con todas las bandas de música que en San Sebastián existían. Aquella comparsa, cuyos productos se destinaron a la creación del monumento que hoy existe en el Muelle de San Sebastián y que perpetúa la memoria del heroico marino citado, fué dirigida por don Ignacio Tabuyo, y la marcha y el himno que se cantaron escritos por Santesteban y D. Ramón Fernández, respectivamente.

La actividad de Santesteban no se reducía tan sólo a la Capilla de Santa María, ni a su almacén de música, ni a escribir, ni a gozar en el arte, sino que deseando contribuir siempre al engrandecimiento cultural de San Sebastián, punía a todas horas su valor y su talento al servicio de su pueblo.

El mismo año de 1866 llegó a San Sebastián S. M. la Reina D.ª Isabel II. El pueblo donostiarra, que no solamente fué la primera población que a la muerte de Fernando VII dió el grito de ¡viva Isabel II!, sino que siempre ha sabido recibir a los Reyes con verdadera esplendidez, organizó grandes fiestas en honor de la Reina Isabel II.

En aquellas fiestas constituyó el nervio de su organización el célebre maisuba Santesteban, que dió la nota sobresaliente de cultura y arte escogido. Reunió las seis músicas y charangas con que entonces contaba San Sebastián, organizó una admirable masa musical compuesta de más de 300 ejecutantes, e instrumentó ante Su