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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

Majestad con verdadera afinación y gusto el Guernikako Arbola, Iru Damacho, varios zortzikos de lparraguirre y alguna composición de Santesteban, escrita expresamente para el acto que se celebraba. Fué tal el entusiasmo que la ejecución de aquellos aires del país produjo en la Reina Isabel, que llamando al estrado al Director le felicitó, haciendo calurosos elogios del concierto y su dirección. El efecto de aquel concierto fué inmenso en San Sebaslián, y Santesteban fué aclamado en medio de los aplausos de una población que le consagró una vez más como al maestro definitivo de la capital donostiarra.

Santesteban, a pesar de los continuados triunfos de su vida artística, no dejó de ser lo que fué toda su vida. Trabajador, humilde, silencioso y gran artista. Continuó trabajando mucho por el arte los años sucesivos, y no había fiesta religiosa o profana que no se utilizasen con éxito sus servicios.

Sucesos políticos bien tristes para la nación contribuyeron a que San Sebastián presenciase desde el año 1868 sucesos vergonzosos y deplorables también. Se encontraba ya para entonces la capital donostiarra desarrollando sus energías en el avance y progreso de San Sebastián. Construcciones de espléndidos solares de casas, alineación de las calles, apertura de vías de comunicación, y reconstrucción en general de una población floreciente y nueva, La apertura y construcción de la carretera a la frontera; de San Sebastián a Astigarraga; proyecto de tranvía urbano; apertura de importantes establecimientos comerciales.

Todo parecía ocuparse, por el trabajo y la energía de la raza, en el mayor bienestar de la población. Los chispazos de la batallona cuestión boulevarista, entre los partidarios y enemigos de la construcción del actual y hermosísimo paseo del Boulevard, contribuyeron a pa-