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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

ralizar un tanto el progreso efectivo de la población. Publicáronse hasta diez folletos por uno y otro bando, algunos de ellos prohibidos por el Gobernador, hasta que por fin triunfó el sentido común, llegando a la construcción del mejor paseo y sitio agradable de reunión de San Sebastián.

Hasta que por fin los aciagos días de ta Revolución hicieron presenciar el triste caso ae la despedida y marcha de la Reina D.a Isabel 11, después de haber permanecido en la casa de los Abaroas, de Lequeitio, y desembarcando en San Sebastián en creencia de mejor suerte. No fué así. La población que años antes la recibió con vítores, músicas y palmas; aquella población que con Santesteban organizó el mejor de los conciertos en su honor, se vió en el triste caso de dejar marchar al extranjero a aquella augusta Dama, a quien la Revolución destronó.

Acaso los habitantes de San Sebastián, en un acto de reconocimiento e hidalguía, hubiesen llegado hasta la lucha en las calles por la defensa de la Reina; pero el virus revolucionario de que se hallaba infeccionado todo el Ejército, puede decirse, hubiera hecho estéril la lucha y, por lo tanto, imposible todo intento de defensa. Isabel II, después de haber permanecido en et Hotel Inglés, entonces. en la Avenida que después se llamó de la Libertad, tomó el tren de la frontera, en medio de una sentida y triste despedida que ha hecho época en los fastos de la historia de San Sebastián.

Santesteban continuó durante toda aquella época consagrado casi exclusivamente a la Capilla de la parroquia de Santa María. Casi obligado, compuso el año de 1869 un himno para la cabalgata del Carnaval que determinados elementos organizaron, y que fué instrumentado por la famosa banda «La Euterpe», y durante la