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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

segunda guerra civil, otro de los tristísimos sucesos que contribtuyeron a la paralización del desenvolvimiento donostiarra, apenas hizo nada más que un continuado trabajo anónimo, callado, y que sólo un temperamento fuertemente artístico como el de Santesteban pudo perseverar. La capilla y su almacén de música eran los lugares de estudio del célebre compositor.

El año de 1878, terminada ya la guerra, pacificados algún tanlo los espíritus tras de aquel aluvión de calamidades que paralizaron notablemente la vida de San Sebastián, Santesteban organizó y tomó parte en la dirección de un concierto a beneficio de los náufragos bascongados, en el que tomaron parte también señoras y señoritas de distinguidas familias donostiarras, el Orfeón y la Sociedad «La Cítara», verificándose con extraordinario éxito en el Teatro Principal.

La fama de Santesteban hacía años que trascendía fuera de San Sebastián y su provincial sobre todo como gran conocedor de la música religiosa; y en 1882, llamado por la Comunidad de los frailes de Orihuela, marchó a componer el canto franciscano, a colocar a la Comunidad en los verdaderos cauces del canto llano, y a hacer de la música sagrada una música y un canto de carácter. Mimado por aquellos frailes y a la vez encariñado con ellos, Santesteban permaneció allí hasta muy cerca de un año. Marchó el mes de Octubre y volvió hacia el mes de Julio de 1883.

Ya para entonces San Sebastián, al amparo de la paz, había continuado de nuevo su vida de desarrollo ascendente. Construyó muchas y muy buenas casas. El veraneo, que ya era considerable y de importancia por el gran número de forasteros que acudían, se veía amenizado por brillantes conciertos de bandas, orquestas y orfeones. Las corridas de toros eran también muy bue-