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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

nas. Por San Sebastián desfilaron artistas de fama mundial como Oayarre, la Paccini, Sarah Bernardt, Sarasate y otros muchísimos que hasta nuestros días son incontables.

La construcción abarca edificios tan suntuosos como el Palacio de la Diputación Provincial, el Instituto Provincial, hoy convertido en Casa de Correos, parques hermosísimos, el Gran Casino, soberbias manzanas de casas y una red urbana de calles cuyo trazado, por su amplitud, constituye hoy el asombro de todo forastero.

Durante todo este tiempo, hasta el año de 1884, las funciones religiosas de San Sebastián llamaban también poderosamente la atención del forastero.

La Capilla dirigida por Santestaban cantaba con tal afinación, y en las grandes solemnidades composiciones tan difíciles como admirables, que San Sebastián, hasta entonces ciudad armónica, aumentó su fama de ser población de natural sentido musical. Desgraciadamente, aquel hombre, aquel temperamento artístico como Santesteban, no continuó más dirigiendo la Capilla de Santa María, y siendo, como lo fué, el alma de toda manifestación artística donostiarra.

El dia 11 de Enero de 1884, instrumentaba una melodía compuesta por su fallecido hijo Joaquín, y al dia siguiente, en la noche del 12 al 13, murió casi repentinamente, dos meses antes de cumplir la edad de los 75 años. La noticia de su muerte, dada la enorme popularidad de Santesteban, causó una sensación profunda en San Sebastián, y en pocos momentos la casa mortuoria constituyó una triste peregrinación donde, no solamente las mujeres, sino los mismos hombres, salían con los ojos bañados en lágrimas ante la presencia del cadáver de aquel hombre que fué todo corazón para su pueblo.

A su muerte, Santesteban dejó un hijo, que fué el