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De Iturriak
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JOSÉ JUAN SANTESTEBAN

la intensidad que en las generaciones actuales. No obstante, el aire y la delineación de sus calles y casas necesariamente había de tener el cuño moderno. Aquellas casas solariegas de antes de 1813; aquellos escudos, blasones y hierros que orgullosas ostentaban las casas solariegas de nuestros antiguos habitantes; aquellas puertas enormes con artísticos aldabones, con floreados herrajes, con grandes aleros y con soberbios balcones; aquellas salas donde nutridas bibliotecas llamaban con insistencia a la vida. del espíritu; aquella población, por último, amable, llena de arte y de recuerdos, rica y austera a la vez, fué totalmente destruída, arrasada; con el estrangulamiento de sus habitantes, la horrible noche del 31 de Agosto de 1813.

Sin embargo de esto, Santesteban supo hacer arte, allí donde faltaban vida y materiales para llevarlo a cabo; supo recrear el espíritu de todo un pueblo y lo recreó hasta el extremo de constituirse por sí solo una necesidad y una verdadera institución. Las composiciones de Sanlesteban, si bien estaban impregnadas de un italianismo marcado, debido a la influencia que sobre él ejerció su viaje a Italia, tenían siempre aquella espontaneidad y aquel sentimiento necesarios en toda obra artística. Es verdad que en algunos trozos de sus composiciones religiosas hay siempre algo que trasciende a profano, pero, aun así, no trasciende jamás a la sensualidad ni a un colorido inexacto.

Santesteban tenía, como buen artista, un gran conocimiento de la música y del canto populares¡ sabía perfectamente que la verdadera música, como el verdadero arte, habían de brotar siempre del sentimiento y del corazón, y porque sabía esto, procuraba llegar siempre allí donde estos sentimientos y estos corazones se exteriorizaban. De un canto rústico o de personas que can-