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De Iturriak
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Vicente Manterola


EN Alba de Tormes, en aquel humilde pueblo de Castilla, yacen actualmente en mísera sepultura, como si sus compatriotas y su pueblo entero lo repudiara, los restos mortales de la figura excelsa, del insigne orador, escritor, polemista y hombre de ciencia que San Sebastián y el país basco produjeron en el transcurso del siglo XIX.

No sé si entristecerme o indignarme. No sé si suplicar, rogar o combatir sin piedad. No sé qué postura adoptar ante la apatía o descuido de un pueblo que tan fácilmente olvida, que tan injustamente abandona a una de sus más soberanas inteligencias.

Si Manterola fué un hombre admirado antes de todo; envidiado después, y siempre odiado y combatido, en vida, fuerza es que después de su muerte el pueblo que le vió nacer no abandone sus últimos despojos, no manche su memoria, negándole en su patria un pedazo de tierra.

Nació en San Sebastián, y en la calle típica de Juan de Bilbao, el 22 de Enero de 1833, y fué bautizado en