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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Pero de todas estas cosas, grandes o chicas, altas o bajas, hablaremos más adelante, y haremos notar que si el insigne donostiarra tuvo enemigos que jamás le perdonaron, también tuvo amigos que tampoco jamás le abandonaron.

En el Seminario de Pamplona, Manterola explicó Humanidades, el Griego, Latín, Retórica. Más tarde, en San Scbastián, en su ciudad natal, y a ruegos, no solamente de la Corporación Municipal, sino de muchos particulares amigos y admiradores entusiastas suyos, explicó la cátedra de Filosofía, según lo atestiguan algunos de sus contemporáneos¡ aunque sobre este punto no tenga absoluta certeza el autor de este libro.

En la calle 31 de Agosto, que es donde se hallaba situado el Centro de segunda enseñanza, por Real orden bajo la dirección de O. Canuto Ignacio Muñoz, explicó la cátedra, y ya para entonces Manterola estaba considerado como uno de los primeros oradores de la época.

El sello distintivo de su oratoria era la claridad en el concepto y la seguridad de su palabra.

Siendo Secretario de cámara del limo. Sr. Doctor D. Antolín Monescillo, Obispo de Calahorra y la Calzada, predicador de S. M. y Caballero Comendador de la Real y distinguida Orden de Carlos III, esclarecida figura de la Iglesia Católica, que más tarde defendió con su Secretario en las Cortes españolas los derechos de la lglesia; Manterola publicó uno de sus folletos más admirados y leídos.

Lo dedicó al mismo Ilmo. Sr. Monescillo y se titulaba «Ensayo sobre la tolerancia religiosa de España en la segunda mitad del siglo XIX».

Fué su obra verdadero modelo de pluma y temperamento de polemista de altura. No se ensañaba con el enemigo para arrojarle del seno de la verdad y de la