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De Iturriak
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VICENTE MANTEROLA

Iglesia Católica. Antes al contrario, sus razonamientos convincentes, basados en una argumentación consecuencia de cultura vasta y profunda, atraían al enemigo del campo del error, y no pocas veces del odio y la mentira, a la arena de la discusión razonada, fría y serena.

Sus mismos enemigos, admirados del arte maravilloso que Manterola empleaba en sus discusiones y polémicas, terminaban por rendirse al imperio de la verdad. V ese fué el triunfo alcanzado por el folleto que acabamos de citar.

Lo escribió Manterola en defensa de su prelado. El periódico El Pueblo, de Madrid, influido, como otras tantas publicaciones de aquella época, por el espíritu filosófico francés, que había ya penetrado en casi toda la mentalidad española, combatió lo que él creyó ser intransigencia en el Ilmo. Sr. Monescillo. Manterola se creyó obligado a defender la verdad de ataques tan infundados, y, con todo aquel formidable empuje argumentador, rechazó las malas artes, los sofismas, las argucias y hasta cierta mala fe del periódico citado.

Llamaron intransigente a Monescillo; quisieron pintarle y pintar a la Iglesia como a fanáticos intolerantes, y Manterola demostró claramente1 como la luz meridiana, que la Iglesia es solamente intolerante, no intransigente, con lo que ella cree ser el error. Y esta intolerancia no la mantiene solamente la Iglesia, sino los que mantienen en sus principios y en sus convicciones, el escudo de la verdad.

Monescillo decía: «Somos intolerantes como lo es la luz, como lo es el juicio humano, como lo son los números».

Y El Pueblo contestaba a este razonamiento claro y evidente, diciendo: «La Pastoral del Sr. Obispo de Ca-