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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

lahorra es en gran manera ajena a la caridad evangélica, perturbadora de los poderes públicos, que quisiera sacar de su órbita, y contraria, en fin, a la sociedad entera, cuya armonía estriba en una sabia y justa tolerancia».

Y Manterola, terciando entonces en el debate, escribió en su notable folleto párrafos de tan admirable dialéctica como los que siguen:

«Concluyamos -dice-; la verdad, deseando penetrar por todas partes y hacerse comprender de todo el mando, del ignorante y del sabio, del sencillo y del incrédulo, del virtuoso y del pecador, destierra el error de todas las inteligencias en que logra penetrar. Luego, la verdad es intolerante.

La luz, alumbralldo igualmente al insensato que la maldiga que al cuerdo y religioso que bendice al Sér que se la proporciona, ahuyenta así del uno como del otro las tinieblas en que se veían envueltos. Luego, la luz es intolerante. Los números, en fin, por más que ordenen combinaciones tolerantes, nunca consentirán que sumados 4 y 5 no den 9, ni más ni menos que nueve. Luego, los números son intolerantes.

Cierto, certísimo. Pues qué, ¿puede acaso la caridad destruir la naturaleza de las cosas, destruyendo su misma esencia y destruyendo en nosotros la hermosa luz que Dios ha puesto en nuestra frente?

La caridad nos manda amar a los malos, pero detestando siempre su maldad. La caridad nos manda compadecer, y algo más, al pobrecito que va descaminado, pero sin seguirle en su tortuosa carrera. En una palabra, Ja caridad nos quiere grandemente generosos con los que yerran, pero no estúpidamente imbéciles y groseros para no descubrir sus errores.»

Demostró también en el mismo folleto, con citas de los Santos Padres, con erudición y razonamientos filo-