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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

siones del Congreso y Senado se exteriorizó la ignorancia supina que sobre el régimen de este pais se tenía y una corriente general de bárbara animadversión, consecuencia de aquella ignorancia hacia el país más libre y respetuoso ante la ley, obligó, o por lo menos ejerció una gran presión e influencia en el ánimo del entonces Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo, para adoptar aquella medida tan antipolítica y tan radical.

Digo antipolítica, como ya lo anunció el insigne Mañé y Flaquer, por funestas consecuencias que al correr de los años hemos visto, pero sobre las cuales no podernos ni debernos detenernos ahora.

Manterola, que no pudo menos de presenciar aquellos tristísimos sucesos, con el alma dolorida y apenada de buen bascongado, protestó primero del despotismo que suponía la supresión del régimen foral, y lo defendió después con entusiasmo sin límites.

Esta defensa del hijo por su madre maltratada, le ocasionó la suspensión del cargo de auxiliar del Instituto, y fué sometido a proceso criminal, del que, afortunadamente y como no podía menos de suceder, salió absuelto. Realmente, sus campañas periodísticas en el Diario de San Sebastián y la calurosa defensa que hizo de los Fueros, fueron brillantísimas y entusiastas. Si en todo se distinguía Manterola como buen bascongado, ¡cómo hubiera sido capaz de abandonar la defensa de los derechos de su patria en momentos tan críticos, tristes y solemnes a la vez!

Ha sido injusto nuestro país con Manterola, fuerza es reconocerlo. Falta todavía por hacer lo que aquella alma nobilísima de bascongado merece que se haga en honor a sus merecimientos y a su memoria. La biblioteca que en aras de su amor a la lengua euskara formó,