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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

blaba el idioma de mi patria. Prometió enseñármelo, y aquella misma tarde me dió la primera lección en la Zurriola.

· · · · ·

La última vez que he visto a Manterola fué en aquel mismo año de 79. Se celebraban en la plaza concursos y certámenes de bersolaris o improvisadores. Yo tenía mi asiento en el balcón de la casa de Ayuntamiento. Manterola era jurado y se hallaba sobre un tablado, en medio de los competidores. Era de noche. Oí que todo el público reía grandemente de los chistes e ingeniosas salidas de los bersolaris. Yo no entendí una palabra. Al concluirse los ejercicios, me preguntó Manterola:
-¿Ha entendido usted algo?
- Ni una palabra-contesté.
-Pues ya daremos -me dijo- la lección segunda de bascuence.

· · · · ·

* * *

Felipe Gorriti, el gran músico, compuso en honor de Manterola una marcha fúnebre, y entre la multitud de escritores que le dedicaron también un recuerdo, resalta por su inspiración la poesía del esclarecido poeta navarro Hermilio Olóriz, con cuyas últimas estrofas terminarnos este estudio biográfico:

«¡Pobre amigo! La campana
que ayer doblaba por ti
me recuerda que por mí
también doblará mañana.

También en la fosa yo
término daré a mis males;
seremos en esto iguales,
pero en el renombre, no.