Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/54

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
40
DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Sebastián. Se agolpan, en fin, aquellos rasgos morales, de bondad, de sincera alegría y de cariño sin límites que siempre brotaban de su corazón excelso.

Estudiante, fué el mejor de los condiscípulos. Religioso, fué sacerdote ejemplar en quien nadie veía más que ejemplos y virtudes donde imitar.

Apenas terminaba la carrera de Derecho. Sus estudios los hizo con nota de sobresaliente en todas las asignaturas. Su ciencia adquirida, no solamente en libros exclusivos de la carrera que estudiaba, sino en otros muchos que su afán de escudriñuar el campo de la ciencia y de la verdad le empujaba a ambicionados, colocaron a José Vinuesa en primera fila de los hombres más cultos y sólidamente cimentados en la verdadera sabiduría.

La Juventud Católica, crecida y desarrollada en Vitoria, para la defensa y propagación de las verdades católicas, para el enaltecimiento de la Iglesia y mantenimiento de grandes e inconmovibles principios, celebraba una de aquellas veladas literarias, torneo y gimnasia del saber. Tomaba gran parte en los actos que allí se celebraban por una juventud henchida de nobles ideas y austeras ambiciones, el gran orador D. Vicente Manterola.

Un día presentó allí al joven Vinuesa. Vinuesa apenas contaba veinte años. Su atrayente sencillez; su porte modesto; sus años juveniles, y el coincidir con que fuese discípulo de Manterola, despertaron un interés grandísimo en el pueblo vitoriano. Todos conocían ya por referencia las altas dotes de inteligencia que adornaban al muchacho. Y la sala de actos de la Juventud, con estos antecedentes, se llenó hasta el punto que las puertas tuvieron que dejarlas abiertas de par en par, para dar cabida a la multitud que invadió el salón de fiestas.

V, en efecto, José Vinuesa, que a la sazón era vice-