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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

«Hay en el hombre una tendencia, un sentimiento, una pasión vivísima que excita, 1ue le arrastra, por decirlo así, a buscar su felicidad. La felicidad e9 al hombre como el imán al acero. Le atrae á sí con fuerza irresistible. Pues bien, colocad éste imán, esta felicidad, donde realmente se halla, en el Cielo, en la consecución del fin para que fuimos creados; haced como hace la Iglesia Católica, que se sepa, que se comprenda, que el camino, que el cauce que conduce a este inmenso mar de felicidad, es el orden moral, y veréis que los hombres desde que salen de la cuna hasta que caen en el sepulcro, recorren el camino que les trazara la mano del Creador, y caminan cual un bello río, atravesando las risueñas praderas de la infancia, y los fértiles campos de la juventud, y el yermo páramo de la ancianidad, hasta llegar al piélago sin fondo de la eterna bienandanza, dejando llenos de belleza y fertilidad los campos por donde pasaron.

Pero haced que los ríos se detengan antes de llegar al mar, y los veréis crecer y salirse de su álveo y saltar los montes, e inundar los valles, y destruir, y derribar, y arrancar cuanto a su paso encuentran, y chocar con espantosa furia los unos con los otros y convertir al mundo en un inmenso mar, sobre el que se extiendee la pálida figura de la desolación y de la muerte. Pues he aquí lo que sucede cuando el hombre olvida dónde está su felicidad y desconoce el cauce que debe seguir para llegar á alcanzarla.».................................................................

Ya veis que este último párrafo es de una fuerza poética admirable. Las imágenes son bellas, y no rebuscadas. Fluyen como las aguas del manantial, con la misma naturalídad, con el mismo vigor, con la misma limpidez. Es un cuadro inundado de luz meridiana, donde con mágico píncel José Vinuesa, aquel joven orador, nos describe y pinta, de mano maestra, toda una teoría de Derecho y de Filosofía.

Y es que Vinuesa tenía una imaginación tan rica; de concepciones tan ricas y variadas, que la teoría más oscura la poetizaba, por decirlo así, y la exponía a las inteligencias de sus oyentes con tal claridad, tal exactitud