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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

y tal maestría, que apenas quedaba nadie sin entenderle.

Aquella memorable velada de la juventud Católica tuvo gran importancia, pues en ella tomaron parte, además del Sr. Vinuesa, D. Vicente Manterola, D. José Antonio de Valbuena, el Sr. Melgar, ilustre escritor, el señor Asteasu y el Sr. Sandino. Todos ellos leyeron trabajos notabilísimos, tanto en prosa como en versal coronados con un magistral discurso que resumió en cierto modo la labor de Vinuesa, D. Vicente Manterola.

Vitoria entera guardó imborrable recuerdo de la memorable velada, y los que actualmente viven de aquella época, verían hoy con verdadero placer que resurgieran de nuevo actos tan grandiosos, donde la razón y la fe, en irrompible consorcio, discurrían sobre los problemas contemporáneos de más importancia y trascendencia. Pues bien, aquel Vínuesa, aquel joven que a su brillante carrera unía el de ser una capacidad e inteligencia de primer orden, terminó al poco tiempo sus estudios. Todo le sonreía. Parecía que el mundo le agasajaba a él como único y exclusivo hijo suyo.

Muchacho de familia de abolengo, abogado de prestigio, orador de primera fila, escritor, hombre de gran saber, viril, guapo y con el continente de la nobleza bascongada, delatora de un corazón generoso y grande, ¿qué porvenir no podía apetecer?, ¿qué ambición no estimular?, ¿qué puesto no pretender?, ¿qué altura no encumbrar?, ¿qué gloria no alcanzar?, ¿qué fortuna no adquirir? En una palabra, ¿quién podía disputarle nada que fuese consecución de un ideal feliz y de una alta posición social?

Y, sin embargo, todo lo despreció, lo abandonó, lo miró con ojos indiferentes el joven José Vinuesa. Vinuesa entreveía para su alma un fin más alto, una consecución más espiritual que la efímera, la miserable y la cor-