Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/62

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
48
DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Su santidad y su celo, unidos a su sabiduria, hicieron que al mismo tiempo se encargase de la dirección espiritual de sus alumnos. Espíritu impregnado de admirable celo apostólico, no le cansaba ni le arredraba el trabajo que el cumplimiento de su deber le imponía. Todo lo contrario, alternaba muchas veces !a cátedra y la enseñanza con el púlpito. Y si a los alumnos les atraía, les sugestionaba, por decirlo así, con su método de enseñar, por su elegancia en el decir, desde el púlpito atraía miles de almas con la misma facilidad con que un imán atrae el acero. Pero acerca de su oratoria ya hablaremos más tarde.

Los años de 1883-84 los pasó el Padre Vinuesa en Manresa, haciendo la tercera probación, y para que el lector forme una idea de la vasta sabiduría de aquel jesuíta eminente, baste decir que al abandonar Manresa y marchar a Valladolid, la Compañía de Jesús le encargó explicara las asignaturas tan diversas y difíciles como la Metafísica, Literatura española y Economía política hasta el año 1886, que de nuevo volvió a explicar Derecho en la cátedra de Derecho Político, en la Universidad de Deusto.

Admirable en la cátedra y maravilloso en el púlpito. Ese fué el P. Vinuesa. En los dos sobresalió, pero descolló de modo magistral en el púlpito, cuya fama de orador grandilocuente trascendió del uno al otro extremo de la península. Las misiones que dió el P. Vinuesa desde 1886-87 hasta 1901-2, dejaron recuerdo imborrable en las poblaciones donde predicó. Su maravillosa palabra, su persuasiva elocuencia se dejó escuchar muy principalmente en León, Galicia y Castilla. En Madrid bastaba el solo anuncio de que hablaba el P. Vinuesa, para que lo más granado de la mentalidad española acudiese, con bastante antelación de la hora fijada, a escuchar al sabio