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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

donostiarra y gloria indiscutible de la Compañía de Jesús.

Condiscípulo del también notable escritor donostiarra Antonio Peña y Goñi, como queda dicho, fué uno de sus más entusiastas admiradores y asiduos oyentes.

Y una de aquellas noches en que predicaba el P. Vinuesa, movido Peña y Goñi como magnéticamente, por aquella abrumadora elocuencia del célebre jesuíta, no titubeó un momento. Quiso abrazarle; quiso demostrarle con cariño ferviente de condiscípulo y paisano, la admiración que sentía por aquella excelsa figura de la Iglesia.

Apenas concluyó de predicar Vinucsa, cuando Peña y Goñi, conmovido y lloroso, le abrazó a su salida, diciéndole: «Adiós Pepe. ¡Aprieta fuerte! ¡Dame un abrazo! ¡Me has subyugado! ¿No me conoces? Pues yo soy aquel Anthon, tan malo, tan anguila y tan rebelde de las koshkas de San Vicente».

Y los dos condiscípulos, sonriente el uno, y lloroso el otro, se abrazaron en un abrazo inmenso, íntimo, fraternal y evocador de tiernas escenas y aventuras de la infancia.

En poco tiempo el nombre y la fama de orador del P. Vinuesa corrieron por toda la Península; pero las conferencias que llamaron extraordinariamente la atención, tanto en Madrid, como en Gijón y en San Sebastián, fueron las que dedicó a la cuestión social. Constituyeron aquellas conferencias político-sociales verdaderas exposiciones de la cuestión social, mirada desde el principio de la moral evangélica, corroborada con las más sanas teorías del Derecho, la filosofía y la Teología, y colocado todo ello en el plano inclinado de la realidad viviente, corpórea y tangible.

Remontándose a las más abstractas teorías filosóficas, llegaba el P. Vinuesa, con claridad meridiana, aun para