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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

el oyente menos letrado, a probar en el trancurso de sus conferencias de qué modo el Cristianismo resolvía un problema que la sociología de los corifeos del socialismo no había llegado a resolver. Nada hemos de decir de aquella sólida erudición que delataban sus notables oraciones, pues desde Marx hasta Engels; desde Platón y Aristóteles; desde la doctrina de los Santos Padres de la Iglesia; desde la historia de los tiempos del paganismo; desde la exposición de la influencia del Cristianismo en la civilización, hasta el estado actual de la sociedad, con sus dudas, sus indiferencias, sus rebeldías, sus utopías, sus males, sus absurdos doctrinarismos, sus bárbaros modernos, sus ideales anárquicos, sus bombas y su dinamita, sus ncoherencias, sus engaños, sus amenazas, y su desquiciamiento, en una palabra, el Padre Vinuesa expuso, desarrolló y probó con maravillosa elocuencia, con corazón de artista y con mágico pincel de pintor inimitable, que fuera del Cristianismo, ni el obrero, ni la sociedad, ni el mundo entero, puede llegar al triunfo final, a su salvación, a su felicidad.

Pocos, muy pocos oradores sagrados honraron la cátedra del Espíritu Santo como lo hizo el P. Vinuesa. Menos todavía son los que han expuesto la cuestión social, esa eterna cuestión, con la claridad meridiana y con soluciones prácticas y fáciles, como lo hizo el insigne orador donostiarra. En prueha de cuanto digo, me basta con señalar el caso verdaderamente único, de que a sus conferencias no solamente acudía un público convencido y de la misma escuela, que únicamente iba a admirar la palabra incomparable del artista, sino que aun anarquistas intelectuales y socialistas doctrinarios acudieron a escuchar tan memorables conferencias. Y como la característica del P. Vinuesa en sus conferencias y sermones era la claridad y consecuentemente una formida-