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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

lo transforma, o éste pierde el legítimo fruto de su talento, sus ahorros y su trabajo. No cabe medio. ¿Por cuál de los dos extremos debe optarse? ¿Cuál pide la justicia?

A poco que lo meditemos salta a la vista que si ese mineral, esa tierra, esa corriente de agua, se hace de quien !os utilizó, ningún fruto de trabajo ajeno se apropia éste, ni priva a nadie de cosa, que sin el trabajo que él se tomó, no les fuese baldía e inútil; en tanto que de obligársele a renunciar con la materia, a lo que con su trabajo consiguió hacer en ella, o de ella, se le despojaría injustamente de eso que es suyo. ¿Quién no conoce, señores, que no debe preferirse la solución injusta a la que no lo es?

Decidme; pues que, no todos, sino uno, o pocos han convertido lo inútil en lo útil, lo estéril en fructífero, y en fuerza productiva la fuerza perdida, ¿con qué derecho, ni aun sombra de derecho, clamarían todos «eso es nuestro», principalmente no perdiendo ellos cosa alguna al llevarse el otro lo que para ellos nada valía? ¿No es un axioma jurídico y moral, que si no por justicia, por caridad, cuando menos, venirnos todos obligados a hacer, y más a dejar hacer, lo que a otro aprovecha sin que a nosotros nos dañe lo más minimo? Pues siendo esto verdad, aun cuando oponiéndonos a lo que a otro conviene, nada le quitáramos de lo suyo, ¿cuánto más lo será, cuando no podemos reivindicar la materia de suyo inútil, sin apoderarnos juntamente del fruto del trabajo ajeno que la elaboró, cultivó, o acomodó de otro modo cualquiera, a los usos y aprovechamiento de los hombres?»

Sería extenso continuar en la serie de razonamientos admirables y de irrebatible lógica con que el P. Vinuesa va exponiendo los puntos más esenciales de la cuestión