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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

social en su parte aplicativa y en su modalidad, por decirlo así, materialista. Y es que el P. Vinuesa tenía la inmensa ventaja sobre todos, o la mayoría de aquellos oradores o escritores que tratan las cuestiones sociales, de que desarrollaba en los múltiples aspectos que abarcaba y abarca la ciencia social.

Enlazaba la verdad metafü.ica con el principio jurídico, la verdad histórica con el encadenamiento de argumentos sociológicos; la erudición de autores socialistas con la sencillez expositiva de los Santos Padres de la Iglesia. Pero no en el terreno abstracto, no tan sólo en la región especulativa, sino en su aplicación a los diversos casos de la evolución social. Llegaba casi siempre al convencimiento del ánimo de los oyentes, no por el terror, no por la amenaza, no por el miedo, no por la obscuridad de una noche tenebrosa en que el mar de los conocimientos humanos se agita con incoherentes movimientos e impetuosas sacudidas, de las que todo el mundo huye para guarecerse bajo el manto de un hogar tranquilo, no; la persuasión, consecuencia de un razonamiento fundamentado originariamente en los mismos textos, en las mismas frases, en la misma doctrina del enemigo, era lo que llevaba la tranquila y convincente prueba al que le escuchaba.

¿Engels: Marx: Lassalle: Kant: Guesde?

Sí, señores. Sus mismos textos, sus mismas palabras empleaba el P. Vinuesa. Pero cuando llegaba al final de su razonamiento, aquéllas quedaban reducidas a polvo bajo el peso de una lógica engarzada con enorme caudal de sabiduría, de ciencia y de amor.

El P. Vinuesa ascendió como asciende el águila, con raudo vuelo, con vuelo de titán. Y allí, en la misma altura, en la misma cúspide, en la misma bóveda del arsenal científico, domeñaba los problemas más arduos con la