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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

lo mismo que reducir a pedazos un coloso brillante, para dar idea de la irradiación de su poder luminoso. No; ahí va todo. Tal como es. Grande, sublime, inmortal. Discurso admirable; trabajo de orfevreria, que puede parangonarse con el de los artistas de pincel más vigoroso y de intuición más sublime:

«Excmo. Sr.: Es frecuente empezar los discursos hablando el orador de su pequeñez: hoy ante ese tristísimo símbolo de una inmensa desgracia, ni que rodea cuanto esta culta ciudad encierra de grande en autoridad y en prestigio, en piedad y en valor, en armas y en letras, en sangre y en fortuna, no puedo menos de exclamar: «no sólo yo, pero vosotros también, señores, y no solamente vosotros, sino también todos, todos los hombres, somos pequeños, somos débiles, somos ignorantes». Tan pequeños somos los hombres, que se nos busca entre las olas y no se nos halla; tan débiles, que al ser vencidos por las olas, ni aun voz tenemos con qué hacer llegar el último adiós á los que amamos; tan ignorantes, que los marinos del mundo todo, los sabios del mundo todo se preguntan mirando á las olas, hace ya más de cuarenta días: ¿qué ha sitio del crucero Reina Regente? ¿Cómo pereció el Reina Regente? ¿Dónde está el Reina Regente? Y no hay entre los hombres quien conteste verdad. Se conjetura, se sospecha, se inventa, pero nada se sabe.

Y era el Reina Regente, como son los grandes crucero, el último esfuerzo de la ciencia y del poder humnno. Para construirlo, la sabiduría humana aplicó sus últimos descubrimientos, el arte humano ensayó sus más poderosas invenciones, la Patria destinó caudales trabajosamente allegados. Nada faltó. Al ver cómo el hermoso y fortisimo buque hendía las olas, llevando sobre ellas castillos flotantes de acero con cañones monstruosos, cuales no vieron jamás nuestros ahuelos en sus baluartes de piedra, el orgullo humano extendía el brazo y, mostrando aquel prodigio, decía: «¡Cuánto sé! ¡Cuánto puedo! ¡Cuán grande ha llegado a ser el hombre al declinar el siglo XIX!» Sueños de orgullo, ¡cuánto distáis de la verdad!

Quisimos servirnos de eso último esfuerzo de nuestra ciencia y nuestro poder. Ponía temor a tradicionales enemigos de España; y eso que so acercaba á ellos en son de paz y aun