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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

de fiesta, empavesado, llevando en su seno una embajada.... de cuya historia no quiero acordarme. Cumplido su encargo, salió un día de Tánger. Venía á Cádiz. Bien pudiera desdeñar la travesía. ¡La hace un pescador en su barca! Pero sopló el huracán, bramaron las olas, oscurecióse el ciclo, y el crucero luchó un momento con la tempestad..... luego desapareció, como burbuja que se deshace en el agua, como sonido que se extingue en el espacio, como luz que se apaga en el vacío. La tempestad pasó: el mar está tranquilo, la atmósfera serena, el cielo espléndido. ¿Dónde está el crucero? Nadie lo sabe. ¡Se perdió!

Humillemos la frente, hermanos míos; somos poco, sabemos poco, podemos poco al declinar el siglo XIX, como al pasar los siglos, que ya no son, como al venir los siglos, que adelante serán.

Humillemos la frente; pero no como quien sucumbe ante el efecto sin reconocer su causa, sino como quien reconoce y adora á la causa de las causas, á Dios - ¡llamémosle por su nombre tres veces santo! - cuya grandeza infinita se refleja pálidamente en sus efectos, en el huracán y en las olas, en los ciclos y en el mar.

Humillemos la frente hasta el polvo; que polvo somos, polvo deleznable y vano, polvo que disipa el soplo de Dios en el dia de su justicia; y exclamemos hoy como hace tres mil años exclamaba David: «Domine, Deus virtutum, quis similis tibi? Señor, Dios del poder, del gran poder, del único verdadero poder, en cuya presencia es debilidad todo poder humano; Señor, ¿quién es semejante a Ti? Tú, Señor, no nosotros, Tú eres poderoso: potens es, Domine. Tú, Señor, no nosotros, Tú eres sabio, esencialmente cercado, en tu saber y en tu prometer, de verdad, que de Ti jamás se aleja, porque es tuya, porque la Verdad eres Tú: et veritas tua in circuitu tuo. Tú, Señor, no nosotros, Tú eres dueño y árbitro del poder del mar, y el temible agitarse de sus olas, Tú, Señor, no nosotros, Tú sólo lo sosiegas. Tu dominaris potestati maris: motum autem fluctuum ejus tu mitigas».

Humillemos, humillemos la frente y meditemos y oremos: meditemos sobro lo que nos dice de Dios la catástrofe que lamentamos; y oremos por los que se fueron, arrebatados por la catástrofe, y también por nosotros, que hemos de irnos algún día. ¿Quién sabe cuándo? ¿Quién sabe cómo? Pero