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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

mientras nos vamos, meditemos y oremos, nl menos en tanto que rodeamos esos restos de buque, que admirablemente simbolizan la desgracia inmensa del Reina Regente, y nos postramos ante ese altar, donde reside Dios, que ha juzgado ya á cuantos en ella perecieron y ha de juzgarnos también el día que Él sabe.

Haceros meditar, haceros orar: no debo proponerme otra cosa para corresponder en lo posible á la honra de hablaros en esta ocasión solemnemente triste desde esta cátedra sagrada.

Por eso, todo mi intento se reduce á persuadiros estas dos verdades, que la grandeza misma de nuestra desgracia pregona hoy: «Hombres, Dios es grande: ¡Temed! Hombres, Dios es padre: ¡Orad! Ved su poder: temedle y humillaos. Ved su bondad: orad y esperad».

Madre de Dios, luna bienhechora que reflejos sobre la oscura noche de esta vida miserable la luz de las divinas misericordias: á Vos clamaron indudablemente, al ser absorbidos por las aguas, las víctimas que lloramos. ¿Cómo no? ¡Eran marinos españoles! A Vos clamamos también cuantos nos reunimos en este santo templo á honrar su memoria y orar por sus almas. Haced, Señora, que brille en el fondo de las de cuantos me escuchan la doble verdad de la grandeza y de la bondad de vuestro Hijo Santísimo. Que no haya aquí hoy cabeza soberbia que no se abaje, ni corazón abatido que no se levante.- Ave Maria.

I

Excmo. Sr.: ¡Terrible día fué el 10 de Marzo de 1895! No se borrará fácilmente su recuerdo espantoso. Bramaba el huracán, azotando con furor las aguas del Estrecho de Gibraltar, y aun las del Mediterréneo y Atlántico, Dios sólo sabe hasta dónde más allá de cuanto la vista puede contemplar desde las alturas que, rotas, dieron paso al mar entre España y Africa otro día infausto, que la mente humana no acierta ya á divisar entre las sombras de lo que pasó. El mar, sacudido por el ciclón, se agitaba rugiendo; se hendían sus aguas, levantándose cual inmensas y entrecortadas cordilleras, y olas enormes, coronadas de revuelta y desgreñada espuma, corrían arrebatadas, conmoviendo el mar al oprimirlo con su pesada mole, se alcanzaban, se estrellaban, se erguían, se precipita-