Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/83

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
69
JOSÉ VINUESA

testar aquí á los positivistas: las matemáticas les salen al encuentro y mostrándoles su evidencia innegable, que sólo la ignorancia desconoce, les dicen con la voz inflexible de la verdad: «No podéis dudar de la solidez de nuestra certeza. ¿Y cómo no veis que esta certeza incuestionable, esta solidez á prueba de sofismas, depende totalmente de razonamientos deductivos, de esos argumentos a priori, que ciegos desdeñáis? No culpéis, por lo mismo, á este procedimiento científico de los errores y absurdos en que cayeron filósofos que creían ver cuando soñaban, y valerse de lógicas deducciones cuando sólo empleaban sofisma y paralogismos. El procedimiento deductivo, lógicamente empleado, es fuente de verdad. Por él llegará el filósofo cuerdo, como el matemático, á la clara y tranquila posesión de la ciencia.»

Deja, deja de huir de Dios, pobre entendimiento humano. Ya lo ves: lo absurdo, disfrazado de razonable, puede ocultarte á Dios, como las nieblas ocultan los montes; pero, aunque al querer salir de la noche de las preocupaciones no veas sino nieblas, como sólo nieblas suelen verse en los valles al alborear los días húmedos del invierno, no te apresures á asegurar que no hay montes tras las nieblas, ni sol capaz de deshacer las nieblas y descubrir los montes; ni otra cosa que ver sino los pocos pasos de valle que las nieblas no te ocultan. Aguarda á que crezca el día, á que soplen los vientos, á que el sol caliente: estudia, medita, aprende: y los velos con que los absurdos encubren la Verdad de las verdades, se rasgarán y desaparecerán; y esa Verdad primera, tan consoladora para quienes la creen dóciles, y sumisos la acatan y adoran, como pavorosa para los que se empeñan en vano en desconocerla y negarla, aparecerá de pronto ante tus ojos en toda su inmensa grandeza, bañada de la luz de evidencia clarísima; como el romperse y deshacerse las nieblas se descubren los montes, límite del yalle, reflejanJo la luz del sol en sus moles gigantescas. Compasión merecería quien volviendo en torno la vista y no viendo, sino nieblas, afirmase que el hombre no debe esperar que las nieblas se disipen y se vea lo que encubren; pero ese hombre, digno ciertamente de lástima, ¿qué sería? Lo digo sin intención de herir ni molestar á los positivistas que me escuchan, si alguno hubiere; antes, ansiando ayudarles á batir las cataratas que les impiden contemplar lo que otros, con menos vista tal vez que ellos, estamos viendo.- Ese