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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

que cree, sino las frases insidiosas y engaiiadoras de la esclava, que afirma lo que le mandan. ¡Pobre razón esclavizada por las pasiones! Escuchémosla.

-¿Cómo, dice,el Sér infinito ha de rebajarse á cuidar de las criaturas, que para Él son como si no fuesen? Si le servimos, ¿qué gana? Si le ofendemos, ¿qué pierde? ¿A qué, pues, mandarnos? ¿A qué premiarnos? ¿A qué, sobre todo, castigarnos?

Meditemos, señores míos, con la solemne calma que la importancia del asunto reclama y la grandeza de nuestro duelo impone: meditemos sin pasión. Háganos al menos reflexivos la desgracia.

Indudable es que el Sér infinito se rebajaría si, lo que no puede suceder, atendiera á las criaturas, desviando su mirada de la contemplación de Sí mismo, único objeto digno de la infinita inteligencia. Pero ¿tiene Dios por ventura que dejar de atender á un objeto para contemplar otro? No; no es como nosotros, á quienes el ocuparse en lo pequeño impide muchas veces atender á lo grande. La mirada de Dios, única, infinita, abarca sin mutación y sin fatiga lo que es y lo que puede ser, lo pasado y lo presente y lo futuro, lo infinito y lo finito. Y siendo así, no es rebajamiento en Dios el mirar por sus criaturas, como no es mengua del sol el alumbrar y dar calor y vida á seres diminutos y relativamente insignificantes.

Mas ¿qué digo rebajamiento ni mengua? Nnda, por el contrario, hay más digno del Sér grande, feliz y omnipotente, que atender al sér débil y pequeño, para engrandecerlo y hacerlo dichoso, que es precisamente lo que decimos los católicos que hace Dios con nosotros, enderezándonos por la verdad y el bien, que perfeccionan y engrandecen, á la eterna participación de su propia felicidad.

Decís que somos como nada en su presencia. ¡Gran verdad! Pero puesto que Él nos dió de gracia eso casi nada que somos, para algo nos lo dió; que no puede en manera alguna el Sér infinito proceder sin fin, al acaso, irracionalmente. Y si para algo nos crió y para algo grande, puesto que Él no tuvo á mengua tomarlo por fin y blanco do la creación, tanto mayor aparece Dios, cuanto menores somos los medios con que llega á ese fin grande.

Pero aun hay más. Sigamos meditando, hermanos míos. Si Dios no pudiera cuidar de nosotros por nuestra pequeñez,